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En Medio de la Tormenta

Y se levantó una gran tempestad de viento, y las olas azotaban la barca, de manera que ya se anegaba.
Y Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y despertándole, le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? – Mar. 4:37,38

Cuentan de un hombre que se fue solo un día al bosque a cortar árboles. Temprano en la mañana corto un árbol que inesperadamente cayó sobre él y le atrapó. Paso el resto del día tratando en vano de zafarse de la condición. Sabía que no había nadie que pudiera escucharlo si gritaba por ayuda. Estaba muy adentro en el bosque. Ya oscureciendo comenzó a escuchar los aullidos de los lobos y tuvo miedo. Entonces se acordó de ese personaje al que los campesinos menos educados clamaban en tiempos de desgracia al cual llamaban “Dios.” Comenzó a considerar la posibilidad de que existiera y concluyendo que no tenía nada que perder, oró así:

“Señor Dios. Usted sabe que yo nunca le he molestado en mis 55 años de vida. De seguro que puede apreciar la condición en que estoy. Ahora yo le prometo que si usted me saca de este atolladero, jamás le volveré a molestar mientras viva.”

Cuando los discípulos se embarcaron con Jesús a cruzar el mar de Galilea, Jesús estaba exhausto de un largo día de actividad ministerial y cayó rendido del sueño. En este lago, por su posición geográfica y diferencia marcada entre su elevación y la de las montanas que le rodea, las diferencias en temperatura y presión producen estas fuertes tormentas. Sin duda pescadores experimentados como Pedro (Mateo 4:18) conocían estos fenómenos y sabían cómo enfrentarlos. Pero la tormenta de esta ocasión se torno en una de proporciones gigantescas, nunca antes vista. Lucharon tenazmente con todas sus fuerzas y habilidades, pero la barca estaba a punto de zozobrar. Algunos han concluido que se origino del maligno, por su severidad, en un intento fallido de acabar con el Ungido de Jehová. Pero eso es especulativo. Use discernimiento el lector.

Lo que sabemos es que Jesús dormía profundamente mientras todo esto pasaba. Ahora, desesperados, acuden a Jesús en un tono acusativo; “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”
Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento. Y se hizo grande bonanza.
Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo es que no tenéis fe? – Mar. 4:39,40

Ese mismo día ellos habían visto milagros y sabían que Jesús podía salvarlos. Por lo tanto tenían una medida de fe. Sin embargo no era suficiente para creer que Jesús, dormido, era capaz de salvarlos. La clase de confianza que ellos debían tener era como la fe de un niño. Un niño no se preocupa por las cosas necesarias de la vida ni por su propia protección porque sabe con certeza que su papa suplirá lo necesario.

Nosotros, al igual que los apóstoles, estamos siendo procesados y por gracia hemos recibido una medida de fe. También, como ellos, nos enfrentamos a tempestades. Tormentas, algunas de nuestra propia hechura y otras que nos sobrevienen sin llamarlas. Reaccionamos, más o menos igual. Primero tratamos de enfrentarnos a ellas con nuestras habilidades, nuestros recursos y, si esto funciona, no tenemos que ‘despertar a Jesús.’

Lo que debemos hacer es confiar en Él desde que es evidente que una tormenta se está levantando en nuestra vida. Jesús permitió que la barca se llenara de agua y quizás lo permita en nuestro caso, pero la seguridad de que evitaraa que zozobremos debe darnos paz. Loa apóstoles se maravillaron cuando Jesús, con el poder de la palabra, reprendió la tempestad porque todavía no conocían plenamente la naturaleza Divina de Jesús. Nosotros hoy, con un conocimiento más amplio provisto por el Espíritu Santo tenemos suficiente testimonio para tener una fe que supere la de los apóstoles en aquel día sobre las revueltas aguas del mar de Galilea.

La buena noticia es que Jesús ya no necesita dormir, pero si no acudimos a Él y le hacemos participe de nuestras tormentas, es igual que si durmiera plácidamente, aunque vive en nosotros. Esta fe en quien no vemos fue descrita por Pablo en su carta a los Romanos con gran persuasiva:

Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve no es esperanza, pues lo que uno ve ¿por qué esperarlo aún?
Mas si lo que no vemos esperamos, con paciencia lo esperamos.
Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
Y el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
Y sabemos que todas las cosas ayudan a bien, a los que aman a Dios, a los que conforme a su propósito son llamados. – Rom. 8:24-28

Entonces tenemos un consuelo doble; cuando ni siquiera sabemos que pedir a Dios, el Espíritu Santo lo hace por nosotros y sin importar los bríos de la tempestad, al final del día obrara para bien. Podemos concluir que Jesús está despierto y listo para obrar con poder a nuestro favor. Cuando no inquietamos desmedidamente y perdemos la paz, examinémonos. Quizás somos nosotros los que dormimos.

Cuando en su hora final Jesús se enfrentó a su propia tempestad, fueron los discípulos quienes se durmieron cuando debieron estar intercediendo en oración al Padre por Él. (Mateo 26:40.41) Pero aun Jesús obtuvo beneficios de la ‘tormenta.’ El autor de Hebreos nos dice:

Cristo, en los días de Su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que Lo podía librar de la muerte, fue oído a causa de Su temor reverente.
Aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció; – Heb. 5:7,8

Y si Jesús se benefició, a nosotros también nos aprovecha cruzar mares revueltos en la compañía de Él.
Santiago escribió:

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas pruebas;
sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.
Mas tenga la paciencia su obra perfecta, para que seáis perfectos y cabales, y que nada os falte. – Santiago 1:2-4

El mantenernos despiertos a la realidad de la presencia de Cristo en nuestras vidas es vital si queremos evitar el naufragio espiritual. Aunque pensemos que duerme, no es así. Él está ahí para en el momento correcto –desde su perspectiva, no la nuestra- levantarse y reprender al viento y al mar diciendo: “Calla, enmudece.” Entonces el viento cesará y tendremos una gran bonanza. (Marcos 4:39)

En contraste con la actitud mental de los cristianos comprometidos están las personas del tipo descrito en la historia al principio de este escrito. Estos son aquellos que solo han oído acerca de Dios y ya se han alineado con los escépticos y con los que consideran una pérdida de tiempo y esfuerzo buscar a un Dios que no puede ser palpado. Sencillamente no les es rentable seguirle ni sacrificarse por su causa. Estos se sienten autosuficientes, capitanes de sus destinos. Hasta que llega la tormenta. Entonces, como último recurso, algunos juegan su ultima baraja a favor del Dios que siempre rechazaron “por si acaso es real.”
Estos han creado a un Dios a su imagen y semejanza. Tratan de negociar con El a final del camino como si fuese un hombre de negocios. Tristemente estas negociaciones de último minuto no funcionan sin un quebranto de corazón, tal como experimento el ladrón que murió al lado de Cristo. Aquel hombre anónimo, sin calcularlo, se puso en vías a la vida eterna. Lo poco que sabia del moribundo nazareno lo utilizó para su beneficio a la vez que se humilló y este solo acto de contrición movió el corazón de Jesús a prometerle vida eterna. El otro ladrón estimo las cosas desde una perspectiva netamente humana y pereció. –(Lucas 23:39-43)

La parábola de Jesús del los viñadores contratados para laborar durante la extensión del día nos muestra que el Señor Jesús nos remunera a todos sin importar cuánto tiempo hemos laborado. (Mateo 20:1-16) La gracia no se dispensa por medida. El precio que hizo posible la gracia fue un sacrificio infinito y es la voluntad de Dios que todos los hombres la reciban por igual. Se requiere humildad para aceptar un regalo de tal magnitud. Muchos lo rechazan por sentirse más justos que Dios o por sospechar que tiene que existir alguna cláusula en letras muy pequeñas que niegan la buena voluntad de Dios.

En fin, el camino de la salvación está lleno de tormentas inesperadas y mientras más vivimos, más precaria se puede hacer nuestra existencia. El éxito está en descansar en el hecho que Jesús nos acompaña y que aun si estuviese durmiendo, es más fuerte que cualquier viento y olas que pudieran batir contra nuestra frágil barca. Amén.

“Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.” – Efesios 4:8

Bajo la Ley, la nación judía tenia unidad basada en una larga lista de más de seiscientos estatutos y leyes que servían para guiar al pueblo. Una de las grandes ventajas que hacían esta unidad nacional posible, aun hasta este día para sorpresa de muchos, es que los judíos tenían un origen familiar y cultural en común. Desde que Abraham se aseguró que la esposa de su hijo Isaac fuese de la misma parentela que él había dejado atrás cuando salió de Ur hasta los estatutos específicos de la Ley, todo conducía a evitar la mezcla con otros pueblos.

Pero cuando entramos en la era cristiana todo cambió. Se inauguro un Nuevo Pacto que abrazaba a toda la familia humana. Este Nuevo Pacto no tenía un código escrito que promulgara la unidad. Es entonces que profecías concernientes a la anteriormente indefinida figura del Espíritu Santo, tales como la de Joel comenzaron a aclarar el panorama. Por fin, como Jesús había anunciado, el Espíritu Santo fue derramado sobre los discípulos.

De ahí en adelante la unidad dependería de Espíritu. Solo El es capaz de tomar gente de cualquier raza, cultura, nación y bagaje socio-económico e introducirlos a la familia de la fe cristiana a la cual se accede por medio de un nuevo nacimiento…en el espíritu.

Al libro llamado Hechos de los Apóstoles, yo le llamaría el libro de “Hechos del Espíritu Santo.” A través de todo el libro El es protagonista principal y el poder detrás de todos los milagros y conversiones. Cuidó de la iglesia y le entrego dones para la edificación y unidad del cuerpo de Cristo.

A excepción de una mención directa por parte de Pedro, Pablo fue quien definió estos dones en sus cartas.

Y en cuanto a los dones espirituales, no quiero hermanos, que ignoréis.
Sabéis que vosotros erais gentiles, llevados, como se os llevaba, a los ídolos mudos.
Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.
Ahora bien, hay diversidad de dones; pero el mismo Espíritu es.
Y hay diversidad de ministerios; pero el mismo Señor es.
Y hay diversidad de operaciones; pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.
Pero a cada uno le es dada manifestación del Espíritu para provecho.
Porque a la verdad, a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de conocimiento por el mismo Espíritu;
a otro, fe por el mismo Espíritu, y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu;
a otro, el hacer milagros, y a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo en particular a cada uno como Él quiere. – 1 Cor. 12:1-11

Si leemos con cuidado estas palabras notaremos, entre otras cosas, que:
1. Los dones son del Espíritu Santo. No “pertenecen” a quienes los reciben.
2. Los dones son para ministrar. No son para la gloria del que los recibe.

Más adelante en el mismo capítulo Pablo manifiesta de modo más práctico como estos dones se traducen en plataformas diversas para la bendición de la iglesia:

Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, lo segundo profetas, lo tercero maestros; luego milagros; después dones de sanidades, ayudas, gobernaciones, diversidad de lenguas.
¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Hacen todos milagros?
¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Todos hablan lenguas? ¿Interpretan todos?
Procurad, pues, los dones mejores; mas yo os muestro un camino aun más excelente. -1 Cor. 12:28-31

Parece, según el capítulo 14 de la misma carta que unos de dos dones en particular, el de profecías y lenguas se estaban usando inadecuadamente en Corinto. Pablo dedica todo lo que hoy constituye el capítulo 14 a tratar este tema. Pablo exhorta:

Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes.
De manera que, si toda la iglesia se reúne en un lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?

Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado;
y de esta manera los secretos de su corazón se hacen manifiestos; y así, postrándose sobre su rostro, adorará a Dios, declarando que en verdad Dios está en vosotros. – 1 Cor. 14:22-25

Lamentablemente hoy día muchas iglesias de corte pentecostal sufren del mismo mal. Uno entra en estas iglesias y pensaría que está en el Corinto de hace dos milenios. De hecho, nunca he visto que se haya ensenado desde el pulpito este capítulo de la carta a los corintios. Unos gritan en lenguas y abundan los llamados “profetas” que dan profecías unos a otros sobre las cosas triviales de la vida en vez de pronunciar explicaciones de la Palabra para la edificación del cuerpo de creyentes. El resultado hoy es el mismo; la reputación de la iglesia sufre y algunos se alejan concluyendo, como dijo Pablo, que ‘están locos.’

Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.
Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas;
porque Dios no es autor de confusión, sino de paz; como en todas las iglesias de los santos. …

Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor.
Pero si alguno es ignorante, sea ignorante.
Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas.
Pero hágase todo decentemente y con orden. 1 Cor. 14:31-40

En su carta a los Romanos (57 A.D.), Pablo nuevamente trata el tema de dones, esta vez con algunas pautas para su ejecución:

Teniendo, pues, diversidad de dones según la gracia que nos es dada, si profecía, profeticemos conforme a la medida de la fe; o si ministerio, usémoslo en ministrar; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que da, hágalo con sencillez; el que preside, con diligencia; el que hace misericordia, con alegría. – Rom. 12:6

Estas exhortaciones muestran que los recipientes de estos dones podían perder el punto de vista correcto de su utilización. Hoy día hacemos bien en considerar estos consejos.

¿Qué podemos decir entonces con relación a la continuidad de estos dones? Para muchas denominaciones cristianas las palabras de Pablo en el capítulo 13 de 1 Cor. como conclusión de tema de la preeminencia del amor significan que los dones del Espíritu cesarían y añaden que esto tendría lugar cuando se completara de escribir la Biblia. Textualmente las palabras de Pablo leen como sigue:

El amor nunca deja de ser. Pero si hay dones de profecía, se acabarán; si hay lenguas, cesarán; si hay conocimiento, se acabará.
Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
pero cuando venga lo perfecto, lo incompleto se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño.
Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido.
Y ahora permanecen la fe, la esperanza, el amor: estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. – 1 Cor. 13:8-13 (NBLH)

El salto olímpico de asegurar que “lo perfecto” es la finalización de la Escritura es un argumento muy débil. Si conocemos el desarrollo del canon bíblico, sabemos que tardó siglos en completarse, siendo finalmente aceptado por la iglesia católica en 393 A.D. Es más razonable pensar que lo perfecto es la manifestación en gloria de Jesús a su regreso, cuando su iglesia será ‘perfeccionada’ con Él. (Heb. 11:40, 1 Cor. 15:51-53)

Lo que quizás ha contribuido a que muchos hayan concluido que ya los dones no están vigentes son los excesos y las perversiones que se han desarrollado en algunos círculos. Quizás el don de sanaciones milagrosas –cabe notar que según Pablo no es uno de los más importantes- ha sido el más abusado. El nuevo testamento señala que las sanaciones eran parte de “las señales” que autenticaban el evangelio del Reino, no eran un fin en si mismas. Ni Jesús ni los apóstoles hicieron “campañas de sanación.” La mayor cantidad de personas fueron sanadas por Jesús durante su ministerio y en la mayoría de los casos fue de manera incidental; Jesús se dirigía a un lugar o era abordado por la gente mientras el ensenaba o viajaba.

La cantidad de enfermos sanados que se registra en Hechos fueron muchos en la parte inicial del ministerio apostólico. Es digno de mencionar que el registro dice que “todos” los que eran traídos a los apóstoles “eran sanados.” Seguida esta etapa inicial son muy pocas las referencias a enfermos sanados. En contraste con las numerosas referencias a multitudes que llegaron a los pies de Cristo y fueron bautizadas.

¿Sana entonces Jesús hoy día por mano de sus siervos? Ciertamente que sí. La diferencia es que contrario a lo que muchos piensan, los dones son del Espíritu Santo y el Espíritu Santo no puede ser manipulado como un amuleto para la gloria del hombre. El discípulo Santiago escribiendo al seno de la iglesia nos dijo lo que debemos hacer cuando estamos enfermos:

¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.
Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. – San. 5:14-15

En conclusión podemos decir que el Espíritu Santo está activo en el mundo y capacita a los hombres y mujeres hoy para efectuar obras poderosas. Lamentablemente muchos, quizás por celo, se han lanzado a la arena pública para hacer alardes de dones que solo existen en su imaginación. Reconociendo que Satanás y sus aliados del mundo espiritual también tienen poder para hacer milagros, hacemos bien en tomar la exhortación de Pablo muy en serio cuando escribió:

Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. -1 Juan 4:1

¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque los judíos no tienen tratos con los samaritanos. – Juan 4:9b

Jesús y la Tolerancia

Después del reinado de Salomón, Israel se dividió en dos reinos; el norteño, con su capital en Samaria y el sureño con su capital en Jerusalén. Llegaron a conocerse respectivamente como Israel y Judá. Esta división ocurrió cerca del año 930 A.C. Alrededor del año 722 A.C. Israel fue conquistado por los Asirios y como era su costumbre, trajeron consigo gentes de otros pueblos conquistados a morar entre los israelitas llegando a mezclarse entre si y de ahí que la pureza étnico-religiosa se perdiera. (2 Reyes 17:24)

En Juan Capitulo 4 encontramos a Jesús en Samaria, cansado y sentado al lado del pozo de Jacob. Viniendo una mujer de la región al medio día a sacar agua, Jesús le aborda y le pide de beber. La petición toma por sorpresa a la mujer. Ella le recuerda a Jesús la separación social que existía. Jesús obvia la objeción y pasa magistralmente a exponer el evangelio de una forma muy persuasiva. – Juan 4:12, 20

Ella arguye: “¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y su ganado?”…
“Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.

Ahora Jesús, con amor y persuasiva, profetiza sobre la adoración verdadera y le señala su error.
Jesús le dijo: “Mujer, cree lo que te digo: la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre.” – Juan 4:21(NBLH)

La tolerancia empática de Jesús no le eximio de declararle la verdad; “Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los Judíos.” – Juan 4:22 (NBLH) Jesús sencillamente no podía aceptar la idea que esta mujer siguiese en un error teológico que podía costarle su salvación eterna. La tolerancia de Jesús no podía convertirse en aceptación.

En vista de lo anterior hay preguntas necesitan respuestas: ¿Qué vamos a hacer nosotros ante la disyuntiva de enfrentarnos a situaciones donde se requiere tolerancia y al mismo tiempo aceptación? Y aun más serio ¿estamos nosotros justificados sobre la base de nuestro conocimiento retener tolerancia y /o aceptación de aquellas personas que teológicamente difieren de nosotros?

Hay por lo menos dos razones por las cuales nosotros pudiéramos caer en la intolerancia; primero, por sentirnos inseguros de nosotros mismos, de lo que creemos. Segundo, creer que poseemos la verdad absoluta y por tanto estamos justificados a señalar el error de otros y aun llegar al punto de convencer por la fuerza.

Cuando los humanos pertenecemos a un grupo de creencias homogéneas nos sentimos cómodos. No hay temor, nos relajamos. Tan pronto como se levanta alguien y cuestiona el status quo, o comienza a operar fuera de los confines del grupo hay problemas. Estos círculos de pensamiento cerrado se retroalimentan así mismos. Los primeros discípulos de Jesús no estuvieron exentos de este tipo de sentimientos. En una ocasión se perturbaron porque encontraron a un hombre usando el nombre de Jesús de Nazaret para hacer milagros y ¿cuál era problema? No andaba con ellos.

“Maestro,” dijo Juan, “vimos a uno echando fuera demonios en Tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no nos seguía.” – Marcos 9:38

¿Cuál fue la reacción de Jesús?:

“Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. Pues el que no está contra nosotros, por nosotros está. -Lucas 9:39,40

Vemos en la respuesta de Jesús una tolerancia saludable.

También encontramos algunos episodios en que Jesús mostró intolerancia. Uno de ellos tuvo que ver con las actividades comerciales en el templo en Jerusalén.

Y estaba cerca la pascua de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
Y halló en el templo a los que vendían bueyes y ovejas y palomas, y a los cambistas sentados.
Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y desparramó el dinero de los cambistas, y trastornó las mesas;
y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado. – Juan 2:13-16

Aquí no había lugar para tolerancia y mucho menos aceptación. Jesús podía hacer eso. Podemos asumir que usó el látigo como objeto de intimidación y tal vez para arrear las bestias. Ellos habían invadido y desecrado Su Templo. Tampoco ejerció tolerancia con los impostores guías religiosos ciegos que engañaban al pueblo y les imponían cargas pesadas que ellos mismos no podían cargar. Le llamo abierta y públicamente “hipócritas.”(Mateo 23) De esto podemos aprender una lección importante; nosotros podemos mostrar intolerancia en nuestra casa. No estamos obligados a ser tolerantes al pecado bajo nuestro propio techo. Son muchos los ejemplos de padres cristianos que simplemente rehúsan permitir que sus hijos no conversos o descarriados practiquen el pecado bajo su techo. Les aman, pero saben que condonar estas acciones violentan el espíritu de paz del hogar y entristecen el Espíritu de Dios.

Las secuelas religiosas de la Intolerancia

Lamentablemente, en el nombre de Jesús se ha practicado y se practica la intolerancia al punto de torturar y quitar la vida a personas que no comulgan con sus doctrinas. Un capitulo muy triste ocurrió durante la conquista de Perú. Junto con los conquistadores vinieron representantes de la Iglesia Católica. Las crónicas españolas e indígenas nos cuentan del fatídico encuentro entre Atahualpa y el Fray Vicente Valverde, enviado por Pizarro a cristianizar al líder Inca. Aquí reproduzco dos versiones.

“Pizarro envió a Valverde con un intérprete para hablar con Atahualpa. Con la cruz en una mano y la Biblia en la otra, Valverde dijo: “Yo soy sacerdote de Dios y vengo a enseñarles lo que Dios nos Habló, que está en este libro”.
Atahualpa pidió que le diera el libro para verlo. Valverde se lo entregó pero Atahualpa no supo cómo abrirlo. Cuando Valverde extendió el brazo para ayudarle, Atahualpa le golpeó el brazo. Finalmente el Inca volvió a probar y logró abrirlo. Luego lo arrojó al suelo con desprecio.”
Francisco de Jerez, notario de la expedición.

“Mi tío Atahualpa recibió muy bien a los españoles.” Según este relato, a uno de ellos [los españoles] le dio de beber chicha en un vaso de oro. Pero este recibió el vaso y lo volcó, haciendo enojar a Atahualpa. Después los españoles le mostraron “una carta o libro” dijeron que era quillca [dibujo o mensaje] de Dios y del rey, y Atahualpa como estaba enojado lo tiró al piso.”
Titu Cusi, descendiente del Inca

Lo que siguió a la acción de Atahualpa fue una masacre. No hubo un esfuerzo por persuadir a Atahualpa a creer, lo cual difícilmente se lograría en un día. La cruda presentación del evangelio era una receta para el fracaso porque estaba precedida por la ignorancia, intolerancia y el orgullo. Una viñeta de la historia posterior de la Iglesia Católica en Perú puede conocerse visitando el Museo de La Inquisición en Lima.

Los llamados Puritanos que colonizaron el noreste de Norte América no se comportaron mucho mejor que los católicos españoles. Su creencia en las ideas de Juan Calvino concerniente a la predestinación les dio licencia para despojar a los indígenas americanos de sus tierras y a cualquiera que estuviese en desacuerdo con su doctrina, pagaba las consecuencias. La palabra “tolerancia” no existía en su diccionario. Veamos un ejemplo:

Los evangelizadores de otras partes que venían a predicar a Massachusetts lo hacían a riesgo de su vida. Las autoridades expulsaron del lugar tres veces a Mary Dyer, una predicadora cuáquera, pero ella volvía y seguía proclamando sus puntos de vista. La ejecutaron en la horca el 1 de junio de 1660 en Boston. Quien parece que olvidó el fanatismo con que los dirigentes puritanos trataban a sus adversarios fue Phillip Ratcliffe. Por hablar contra el gobierno y contra la Iglesia de Salem en sus sermones, lo azotaron y lo multaron. Entonces, para que no le volviera a fallar la memoria, le cortaron las orejas antes de echarlo de allí. La intolerancia puritana ahuyentó de Massachusetts a muchas personas, pero contribuyó al crecimiento de otras colonias.

Uno de los pilares de la revolución americana fue Thomas Jefferson. Afortunadamente, la redacción del documento de la Declaración de Independencia estuvo a su cargo. Jefferson fue quizás el más erudito y equilibrado del grupo que promulgó el edicto. Se las arreglo para incluir palabras de tolerancia en el ámbito religioso y privado de los ciudadanos de la nación emergente. Con expresiones tales como; “… todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad;” el documento pavimento el camino para que reinara un respeto, tolerancia, que haría de esta nación un modelo para el mundo.

Otro movimiento religioso milenario es el Islam. Su intolerancia no es un misterio. Su mismo libro sagrado contiene expresiones dirigidas a incitar la intolerancia religiosa.

La Homosexualidad y la Tolerancia

Un desafío al que se enfrenta el cristiano moderno comprometido es cómo manejar la tolerancia en un mundo que se aleja cada Día más del estándar de Dios. Tenemos, por ejemplo, el asunto de la homosexualidad. Sabemos que los activistas homosexuales han ganado mucho terreno en las naciones democráticas del mundo. La primera meta a conquistar en la agenda de este grupo era la tolerancia. Para el cristiano informado, esta parte no debe ser un problema como no lo fue para Pablo al enfrentarse a la idolatría de los atenienses, aunque le irrito mucho. (Hechos 17:16-34) Pablo pudo sacar sobriedad de espíritu para hablar a estos filósofos griegos acerca del evangelio. Nosotros podemos hacer lo mismo hoy aunque repudiemos la conducta de estas personas. Tenemos que aprender a separar al pecador del pecado. Como nos aconseja Judas:

Y de algunos tened compasión, haciendo diferencia.
Y a otros salvad con temor, arrebatándolos del fuego; aborreciendo incluso la ropa que es contaminada por su carne. – Judas 1:22,23

El problema con lo que yo llamo “La Agenda Homosexual” es que una vez que han alcanzado la tolerancia, van en busca de la aceptación, aprobación de su modo de vida “alternativo.” Ahí la cosa se complica para el cristiano comprometido. Aceptar su estilo de vida es un endorso directo a su conducta y legitimar aquello que va contrario, no solo a las escrituras, sino a la naturaleza misma. Algunas de las palabras más fuertes que encontramos en las Escrituras con relación a la práctica de la homosexualidad están en la carta a los Romanos. Contrario a lo que una lectura rápida del texto pudiera indicar, la homosexualidad en este caso es inducida por Dios como castigo deshonroso por la idolatría del hombre.

Por lo cual Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos.
Porque ellos cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén.
Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza.
De la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío.
Y así como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen. – Romanos 1:24-28(NBLH)

También contenido en el último versículo se encuentra una advertencia para aquellos que aprueban tales prácticas:

Ellos, aunque conocen el decreto de Dios que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también dan su aprobación a los que las practican. – Rom. 1:32

Cabe señalar que ante Dios el pecado es pecado. Y no debemos concluir que unos van a recibir mayor o menor castigo dependiendo de lo repugnante de una práctica en comparación con otra. (Rev.21:8)

La tolerancia a Doctrinas de Error

Y esto fue por causa de los falsos hermanos introducidos secretamente, que se habían infiltrado para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús, a fin de someternos a esclavitud,
a los cuales ni por un momento cedimos, para no someternos, a fin de que la verdad del evangelio permanezca con ustedes. – Gálatas 2:4,5

¿Qué era la cosa tan mala a la cual Pablo no estaba dispuesto a someterse? Estos eran cristianos judíos que habían bajado de Jerusalén a la iglesia en Antioquía y los cuales pretendían que los cristianos de origen no judío se sometieran a las costumbres y prácticas de la Ley. Estas prácticas incluían restricciones dietéticas y la circuncisión. Lo que estos judíos exigían no era algo inherentemente malo. De hecho, hoy reconocemos los beneficios ala saluda de, por ejemplo, el abstenerse de ciertos alimentos como el cerdo y los crustáceos que potencialmente cargan con ellos parásitos y microbios. También se sabe que la circuncisión puede tener beneficios a la salud del varón. Por lo tanto podemos preguntar; ¿Por qué no ceder a esta presión por parte de los judíos? Después de todo, la salvación se origino de ellos.

El punto aquí era el perpetuar el error doctrinal. Por mucho que los judíos quisieran preservar su anterior tradicional modo de vivir, la verdad era que ya todo aquel sistema religioso llego a ser anticuado. Era de hecho una sombra del nuevo pacto. (Heb.10:1, Col.2) Cierto es que Dios pasa por alto la ignorancia. Esto es, hasta que somos iluminados. Una vez que conocemos la verdad de las cosas no podemos apegarnos a las tradiciones o ideas que una vez controlaban nuestro modo de pensar y hacer. Quizás en Israel había pocos tan celosos de las tradiciones que Pablo y fue el mismo quien se convirtió en el luchador de la causa de los gentiles. Pablo entendía que era importante que los discípulos crecieran a la madurez.

Durante la vista de Pablo a Jerusalén como consecuencia directa del debate sostenido con los judaizantes, los apóstoles y ancianos bajo la guie del Espíritu Santo concluyeron que había algunas cosas que los gentiles debían abstenerse de hacer para el bien común y la paz.

Pues ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias.
Que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, y de sangre, y de estrangulado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.
Así que cuando ellos fueron despedidos, descendieron a Antioquía; y reuniendo la multitud, entregaron la carta;
la cual habiendo leído, se gozaron por la consolación. – Hechos 15:28-31

De seguro que parte del gozo de los varones gentiles fue que la circuncisión no era parte de esta lista. Más tarde Pablo en su 1ra. Carta a los Corintios, escrita cerca de 55 A.D., unos 6 años después, presenta un punto de vista balanceado con respecto al asunto de ‘comer y beber,’ haciendo énfasis en el amor, la empatía y el discernimiento escribe:

Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.
Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.
De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia;
porque del Señor es la tierra y su plenitud.
Si algún no creyente os convida, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia.
Pero si alguien os dice: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud.
La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues ¿por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro?
Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser difamado por lo que doy gracias?
Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. – 1 Cor. 10:23-31

Bueno, si esta es manera en que debemos manejar las cosas triviales en el convivir cristiano, ¿qué se dejara para aquellas doctrinas detestables que surgieron dentro de la iglesia y que nos persiguen todavía? Para estas la tolerancia es cero.

Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo os predicare otro evangelio del que os hemos predicado, sea anatema.
Como antes hemos dicho, así ahora digo otra vez: Si alguno os predicare otro evangelio del que habéis recibido, sea anatema. – Gal. 1:8-9

Y en otra parte:

Porque muchos engañadores han entrado en el mundo, los cuales no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. El que tal hace es engañador y anticristo.
Mirad por vosotros mismos, para que no perdamos aquello por lo que hemos trabajado, sino que recibamos galardón completo.
Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo.
Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en vuestra casa, ni le digáis: Bienvenido.
Porque el que le dice: Bienvenido, participa de sus malas obras. – 2 Juan 1:7-11

Conclusión

Al comenzar este escrito no pensé que se haría tan largo. Me gustan los mensajes cortos y al punto. Sin embargo este tema, de hecho, se pudiera extender. Considero de gran importancia la tolerancia pues como se ha demostrado, puede ser un instrumento de la gracia de Dios que ayuda a atraer a la gente a Jesús y una vez adentro del redil, conducirlos a la madurez. El cristiano no puede vivir o basar su trato con otros en tradiciones de hombres. Somos demasiado grandes a la vista de Dios como para dejar que rudimentos rijan nuestra vida. Vivimos por gracia y cada día nos acercamos mas a la estatura del modelo perfecto, Jesús, quien dijo en el clímax de su humanidad; “Perdónalos Padre, porque no saben lo que hacen.”

Fe vs. Credulidad

Es, pues, la fe, la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de lo que no se ve.
– Hebreos 11:1

Las palabras citadas arriba son muy conocidas por los cristianos y se acomodan a la mejor definición que tenemos en las Escrituras de la fe, sin la cual “es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que a Dios se acerca, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. – Hebreos 11:6

Existen, sin embargo, dos palabras parecidas que se confunden a menudo; fe y credulidad. La segunda, “credulidad,” no aparece en la Biblia. No es de extrañar, pues fue acuñada hace apenas 500 años. La palabra que se usa en la Biblia para describir la condición del crédulo es “simple.” El proverbios 14:15 nos dice: “El simple cree a toda palabra; mas el prudente mira bien sus pasos.” Para muchos, sin darse cuenta en la práctica, fe y credulidad son sinónimas. La definición de ambas palabras, según el Diccionario de la Real Academia de la lengua Española (RAE) es como sigue:

Fe:
5. f. Creencia que se da a algo por la autoridad de quien lo dice o por la fama pública. [Quinta definición aplicable al tema]

Crédulo
1. adj. Que cree ligera o fácilmente.

La palabra griega para fe es “pistos” de una raíz (peitho) que significa “persuadir,”, seducir” por argumento. Más adelante en el mismo capítulo y refiriéndose al colectivo de los llamados “héroes de la fe” el autor usa la palabra “peitho” cuando escribe: “Conforme a la fe (pistos) murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas (peitho) y saludándolas, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. – Hebreos 11:13

Creo que la definición del RAE recoge la esencia de lo que se vierte en las escrituras, pues en el caso de Rahab, la fe que ella ejerció respondía a ‘la fama pública’ que el Dios de Israel había alcanzado. Ese conocimiento le persuadió a creer. (Jos. 2:8-13, Heb. 11:31) No fue credulidad, si no fe genuina.

Quizás sorprenda a algún lector que Gedeón esté incluido en esta lista por la forma peculiar en que probó a Jehová en cuanto a su llamado a traer liberación a Israel. (Jue. 6:11-40) Parece increíble que después de las demostraciones de poder que Jehová hizo ante los ojos de Gedeón accediera a una segunda prueba con el vellón de oveja. Esto nos enseña una gran lección de la paciencia y el amor de Dios. Dios nos encuentra en nuestra debilidad y nuestra falta de fe sin redargüirnos. Este amor y paciencia para con Gedeón no es sin precedente. Desde Caín mismo en adelante vemos ejemplos de la cualidad amorosa de Dios para con nosotros.

Por supuesto, Dios se alegra y se complace cuando mostramos una fe grande. Cuando Abraham trato de ofrecer a Isaac Dios se regocijó y le bendijo supremamente. (Gen. 22:16-18) Luego el escritor a Hebreos nos revela la razón por la cual Abraham estuvo dispuesto a acceder a tal petición de Dios. No fue por credulidad ciega si no que por el trato y conocimiento del poder de Dios, Abraham sabía “que aun de los muertos es Dios poderoso para levantar; de donde también le volvió á recibir por figura.”- Heb. 11:19

Pudiéramos hacer alardes de fe y juzgar a otros tal como hizo nuestro hermano Pedro cuando se condenó asimismo al decir a Jesús a la hora de Su pasión y muerte; “Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado. Jesús le dice: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Dícele Pedro. Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo. –Mateo 26:33-35

Todos sabemos lo que le pasó a Pedro y a los demás, que bajo presión de grupo, hicieron aseveración similar. No queremos caer en ese error. La fe es una virtud y Jesús mismo reconoció que había distintos niveles de fe. En su recorrido entre los humanos Jesús se encontró con gente que exteriormente hacían grandes despliegues de fe y otros que ni siquiera se aproximaban a la religión judía que mostraron una fe tan grande que fue alabada por el Señor. Las siguientes palabras registradas por Mateo son suficientes para probar lo antes dicho.

Y entrando Jesús en Capernaum, vino á él un centurión, rogándole, Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado.
Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
Y respondió el centurión, y dijo: Señor, no soy digno de que entres debajo de mi techado; mas solamente di la palabra, y mi mozo sanará.
Porque también yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí soldados: y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.
Y oyendo Jesús, se maravilló, y dijo á los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado fe tanta.
Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos:
Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.
Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creiste te sea hecho. Y su mozo fué sano en el mismo momento. –Mateo 8:5-13

En el argumento usado por el centurión se ve manifestado que este hombre había tenido testimonio suficiente sobre Jesús que le llevo a desarrollar una fe del calibre descrito.

Pablo nos ayuda a entender más aun sobre el tema cuando declara que Dios mismo reparte la fe según su beneplácito cuando escribe a los Romanos:

Digo, pues, por la gracia que me ha sido dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí, que el que debe tener, sino que piense de sí con mesura, conforme a la medida [griego, metrón] de la fe que Dios repartió a cada uno. – Rom. 12:13

¿Quiere entonces decir que una vez recibimos nuestro “metrón” de fe ya no hay nada más que hacer? Una situación en la vida de Jesús y los discípulos nos dice que podemos no conformarnos con la medida de fe que poseemos. Le exhorto a leer en capítulo 17 de Lucas del versículo 1 hasta el 10 antes de leer lo que sigue.

Después que Jesús hablara los discípulos de la necesidad de perdonar a su hermano que pecare una multitud de veces y se arrepintiese igual número, parece que se sintieron inadecuados en su fe para manejar una situación tan humanamente gravosa y dijeron a Jesús “…Auméntanos la fe.” – Lucas 17:5 Ellos reconocían que la fuente de la fe era divina. No algo que estaba en ellos para desarrollar. La fe es la obra del Espíritu Santo de Dios, tal como la gracia, ‘para que nadie se gloríe.’(Efe. 2:8,9) La respuesta de Jesús, como era típico de sí, parece en la superficie ser irrelevante a la petición. Aquí me tomo la libertad de hacer una exégesis sobre la respuesta de Jesús.

Jesús les dice que en realidad no es más fe lo que necesitan. Si la cantidad de fe que se requiere para decir a un árbol (o montaña, como en otro relato) arráncate y arrójate al mar es del tamaño de un grano de mostaza de 1 a 2 mm en diámetro, entonces estamos hablando de la cualidad de la fe que poseemos y no de la cantidad. Las palabras que siguen nos dejan saber que de alguna manera la calidad de nuestra fe está asociada con como nos vemos a nosotros mismos. La ilustración del esclavo que llega a casa y no puede esperar ser servido sino servir recalca. Cuando concluimos en lo profundo de nuestro corazón que “Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.”(Lucas 17:10) nos será más fácil perdonar a otros. Esa actitud de humildad nos enfría los bríos del orgullo. Son en estas situaciones, cuando sufrimos el mal, que nuestra fe es probada y como nos dice el discípulo Santiago:

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas pruebas;
sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.
Mas tenga la paciencia su obra perfecta, para que seáis perfectos y cabales, y que nada os falte. – Santiago 1:2-4

Simple credulidad no puede aguantar la prueba. La credulidad no tiene raíces porque no tiene base. Los héroes de la fe de hebreos tenían una clase de fe con la cual vencieron al mundo. Esa es al clase de fe que queremos tener y que le pedimos a Dios. Por tener esa clase de fe no nos conformamos a este mundo con sus manías y miopía espiritual. Nosotros vemos la demostración de lo que no se ve. Tenemos las arras (griego, arhabon) que significa el pronto, el pago hecho para retener una propiedad, en este caso ‘una ciudad’ que pertenece al cielo. (2da Cor. 1:22, Heb. 11:16)

Solo la fe verdadera nos da garantías. La credulidad recurre al engañó para persuadir. Cuando Eva fue tentada fue crédula, simple. Nosotros también pudiéramos ser engañados como Eva si no ejercemos nuestra facultad de raciocinio. (2da. Cor. 11:3) No tenemos excusa. La Biblia está repleta de ejemplos, amonestaciones y testigos. ¡Sigamos su ejemplo de una fe victoriosa!

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso, y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual, por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y se sentó a la diestra del trono de Dios. – Hebreos 12:1,2

Congregarnos; ¿Por qué?

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra fe; que fiel es el que prometió;
y considerémonos unos a otros para provocarnos al amor y a las buenas obras;
no dejando nuestra congregación, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. – Heb. 10:23-25

La exhortación del escritor de Hebreos refleja su enorme preocupado por la salud espiritual de aquellos de la prole de Abraham ahora pertenecientes a la congregación cristiana.

La tradición arrastrada por estos judíos cristianos (o propiamente dicho, mesiánicos) era algo que había estorbado su progreso dentro de la iglesia. Las tradiciones judías no eran fáciles de dejar atrás, especialmente por el hecho de que había gentiles dentro de la iglesia y esto podía robarles la paz a los hermanos judíos. También, el congregarse era arriesgado en vista de las persecuciones, no solo del Cesar sino también de sus hermanos judíos inconversos. (2da Cor. 11:26)

Pero el punto que nos concierne a nosotros hoy es; ¿Qué constituye el ‘dejar nuestra congregación’ o como lo vierte La Biblia de las Américas, “dejando de congregarnos.”?

Bueno, sabemos que el escritor de hebreos tenía en mente a los judíos. ¿Cuál era el patrón de congregarse de los judíos? Aunque para los judíos que habitaban en o cerca de Jerusalén habían muchas oportunidades para ir al templo, donde se ofrecían servicios y oraciones diariamente, para aquellos que dependían de sinagogas, el Sábado era el día principal en le cual asistir a escuchar la Ley. Nos dice Lucas que Jesús ‘acostumbraba’ ir a la sinagoga de Nazaret el día sábado y también nos muestra a Jesús usando la sinagoga como plataforma para sus enseñanzas y milagros. Pues las sinagogas llegaron, con el tiempo a ser centros de enseñanza.

Y vino a Nazaret, donde había sido criado; y entró el día sábado en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. – Luk 4:16

¿Qué constituiría para un cristiano judío ‘dejando de congregarse’? En vista de lo anterior podríamos decir que alguien que no se congregaba regularmente el día de la semana designado para ese propósito, estaría pasando por alto esta exhortación. Aquí cabe notar que parece que los discípulos comenzaron la costumbre de congregarse ‘el primer día de la semana’ tan temprano como el día de la resurrección del Señor Jesús (Juan 20:19) El primer día de la semana, se constituyó el día del Señor. De ahí la palabra “domingo” a su vez del latín dies Dominicus.

Hoy día, las iglesias protestantes en su gran mayoría tienen un calendario semanal de actividades más allá del día domingo de las cuales se pueden aprovechar muchos cristianos. Hay, por ejemplos algunos que no pueden congregarse el día domingo y para ellos el sábado o cualquier otro día es la oportunidad que tienen de disfrutar del compañerismo con otros creyentes. Tristemente muchos de nuestros hermanos son fustigados y censurados como aquellos que han ‘dejado de congregarse.’ Inclusive, aun aquellos que fielmente asisten a un servicio en el día domingo pero no asisten a los servicios de mitad de semana, son tildados de lo mismo.

Volvamos a Hebreos 10:23-25. ¿Cuál es la razón o razones para querer congregarnos? La respuesta; “ consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras,… exhortándonos unos a otros , y mucho más al ver que el día se acerca. (LBLA)

Así que las razones no tienen nada que ver con apoyar actividades y agendas creadas por los líderes de la iglesia, aunque muchas de estas actividades sean de provecho. Los lideres deben cohibirse de hacer cometarios faltos de amor dirigidos a los que, por la razón que sea no pueden o no quieren apoyar todas las actividades semanales de la iglesia.

La exhortación de la carta a los Hebreos es una invitación a nosotros a mantener en el lugar apropiado de nuestras agendas el apartar tiempo para congregarnos, no simplemente para satisfacer las insistencias de los lideres, sino por los beneficios espirituales que se pueden derivar de tal asociación.

Esto nos lleva a otro punto. Es muy común que los servicios en las iglesias se extienden por tanto tiempo (tres y cuatro horas), que cuando terminan ya la congregación esta tan exhausta de música (en muchos casos ruido ensordecedor) y de predicación que lo que desean es (y lo hacen) salir en estampidas para sus hogares en busca de paz. A esto se agrega, que una vez terminado el servicio, los encargados de la limpieza etc. quieren e invitan a los hnos. a desalojar el lugar de reunión. Siendo esto así, ¿en qué momento se pueden ‘estimular’ los hermanos unos a los otros?

Sin lugar a dudas, todo cristiano nacido de nuevo ama el congregarse. Está de parte de los lideres hacer que el lugar designado para ello cumpla el propósito por el cual nos reunimos y podamos decir como dijo el salmista: “Cuán bienaventurado es aquel que Tú escoges, y acercas a Ti, Para que more en Tus atrios. Seremos saciados con el bien de Tu casa, Tu santo templo.” – Salmo 65:4

Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no gimiendo; porque esto no os es provechoso. – Hebreos 13:17

Normalmente no me gusta hacer hincapié en “palabras” pero, al desarrollar este tema me veo forzado a recurrir al idioma original para probar un punto. Es importante notar la palabra “pastores” en el texto citado. Cualquier lector del mundo evangélico cristiano razonablemente pensara que el escritor de Hebreos está hablando de ‘Su Pastor,’ aquel a quien debe obediencia. Y no es que haya nada malo en sentirse así, pues el contexto muestra la responsabilidad que conlleva ser ‘pastor.’

La realidad es que la palabra utilizada en Hebreos 13:17 es la palabra griega Hegeomai la cual significa “líder,” “comandante con autoridad oficial,” según el Diccionario Strong de Hebreo y Griego. Es por eso que Nueva Versión Internacional traduce “líderes” en lugar de Pastores y La Biblia de Jerusalén, “dirigentes.” La palabra para pastor en griego es “Poimen” y se usa con referencia a Jesús (Hebreos 13:32) y en su forma plural, refiriéndose al don en forma de hombres en Efesios 4:11.

La razón para este ejercicio tiene como propósito resaltar dos cosas:

1. La palabra “pastor,” (singular) en el Nuevo Testamento fue únicamente usada por Jesús para referirse asimismo de manera indirecta o directa y por Pedro y el escritor de Hebreos para referirse a Jesús. (1Pedro 2:25 y Heb.13:20)
2. No hay referencia en el Nuevo Testamento a una iglesia gobernada por un solo individuo, sea este designado “Pastor” o por cualquier otro título. Desde la primera iglesia en Jerusalén, todas las le siguieron fueron gobernadas por una pluralidad de líderes llamados “ancianos,” griego, “Presbuteros.”

Esta línea de pensamiento va contrario a lo que ha sido y es la tradición evangélica de gobernar las iglesias pero, el que algo se practique, aun por siglos, no garantiza que sea correcto. Jesús reprendió a los líderes religiosos de Israel por invalidar la Palabra de Dios al anteponer sus tradiciones. (Mateo 7:3-9) Hacemos bien en reflexionar en estas palabras.

Por supuesto, puede haber tradiciones no bíblicas que no sean condenables. Son aquellas nocivas que interfieren con el fluir del Espíritu Santo cancelando la capacidad de la conciencia cristiana y que en muchos casos esclavizan o violan doctrinas claramente delineadas y apoyadas por las escrituras.

La nueva iglesia cristiana fundada en Pentecostés 33 (c.33 A.D.) estableció un modelo de gobierno similar al que ellos por ser judíos conocían. Era el sistema que Moisés instituyó a instancias de su suegro en el desierto de Arabia. Fue un sistema a su vez parecido al que siguieron los patriarcas y otros pueblos tribales aun hasta este día. Era un sistema donde “ancianos,” hombres experimentados eran los que representaban a la comunidad y eran asiento de autoridad, sabiduría y juicio.

Aunque la iglesia en Jerusalén disfrutaba de tener a los apóstoles originales en su seno, también había un grupo de número indefinido de “ancianos” a los cuales siempre se menciona junto con los apóstoles. (Vea el capítulo 15 de Hechos) Los apóstoles no monopolizaron la dirección y autoridad de la iglesia, aunque pudieron haberlo hecho. Pero Jesús no les entrenó así. (Mateo 23:11) De hecho, el que evidentemente se convirtió en el vocero del cuerpo ministerial de apóstoles y ancianos en Jerusalén fue Santiago, medio hermano de Jesús, quien solo llego a ser creyente después de la muerte y resurrección del Señor. (1 Cor. 15:7, Hechos 15:13)

En Hechos capitulo 20 Pablo envió a llamar a los ancianos de la iglesia en Éfeso. Los versículos del 17 en adelante muestran la preocupación de Pablo por el bienestar del rebano de Dios. Pedro también, identificándose asimismo como “anciano” dio consejo oportuno a los “pastores” nombrados por Dios en 1 Pedro 5:1-4.

El asunto de ser designado, nombrado, ordenado como obispo (griego, Episcopo, superintendente) o anciano (Presbuteros) era algo serio. Pablo estableció un criterio o normas que se requerirían de tales hombres. Es sus cartas a Timoteo y Tito se presentan los requisitos que Dios busca de tales “pastores.” En 1 Tito 1: 5 y 7 vemos que Pablo usa los dos términos para ancianos y superintendentes de manera indistinta. Mostrando así que no se estaba creado una jerarquía. El anciano, en la práctica, funcionaba como un superintendente.

Bueno, ¿qué se quiere probar con todo este argumento? Que el modelo cristiano de gobierno de la iglesia excluye la singularidad de un asiento de poder y autoridad depositada sobre un solo hombre. Proverbios nos advierte que “Donde no hay consejo, el pueblo cae, mas en la multitud de consejeros hay seguridad.” – Pro 11:14

Alguien dijo en una ocasión que “El poder absoluto, absolutamente corrompe.” Y esto no es una exageración. Si usted no ha estado viviendo en una cueva, sabe que esto es así dentro del mundo secular como religioso. Pablo señala a Timoteo que habría un sistema de “control de calidad” por decirlo así, dentro de la iglesia cuando escribió: “Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y en la enseñanza.” -1Ti 5:17 ¿Quién determina si un anciano ‘gobierna bien’? Está claro que son los demás ancianos y la iglesia.

No es agradable escribir sobre este tema pues corre contra la corriente a que la mayoría está acostumbrada. Especialmente es ofensivo a aquellos que están montados como caciques del pueblo de Dios y consideran estos comentarios como una afrenta a su poder y autoridad. ¡Amén! Que así sea. En lo personal, pague un precio muy alto por la libertad que Cristo trajo a mi vida. Para mí es un gozo ayudar a otros a romper con las cadenas de la tiranía de la mente y el espíritu. Sin embargo, no soy perfecto. Por eso pido a cualquier lector que pueda señalar algún error de exégesis en esta información presentada o error de cualquier otra índole, que me escriba para mi consideración.

En conclusión; ¿A quién debemos sumisión? La respuesta es obvia; primero a Jesús, cabeza de la iglesia y ‘Pastor y Obispo de nuestras almas’ (1 Pedro 2:25) y segundo a aquellos “pastores” entre nosotros que ‘lo hacen bien.’


“Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
en estos postreros días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por quien asimismo hizo el universo;” – Hebreos 1:1-2

El Dios de la Biblia es comunicativo. Por lo que sabemos de su naturaleza, se nos ha revelado que la Divinidad existe en tres personas. Es una singularidad plural. De ahí que la palabra hebrea para Dios es Elohim, la forma plural de Eloah. Esto es algo difícil de entender para los humanos. Sería como poder explicar un triangulo de cuatro lados. Los que hemos estudiado la Biblia un poco, aceptamos la Trinidad como un hecho, tal como aceptamos la fuerza de gravedad y el espacio infinito sin que podamos entender estos últimos dos conceptos a cabalidad. Podemos razonar que las tres Personas de la deidad han estado en comunicación íntima por la eternidad, aun antes de comenzar el proceso creativo que culminó con el universo físico.

La primera vez que se nos revela la capacidad comunicativa e interactiva de Dios es en una conversación sostenida entre la figura del Padre y la figura del Hijo en el registro de Génesis 1:26 cuando dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen…” Las expresiones anteriores a esta; “Y dijo Dios…” se limitan a una declaración creativa, seguida de la acción deseada. Pero en Génesis 1:26 hay una invitación aseverativa en cuya raíz está implícita la conformidad de las otras dos personas que componen la Deidad. Seguido de esta expresión inicial sigue el versículo 27; “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

La comunicación de Dios con el hombre creado fue abierta y directa. Todo parece indicar que Dios se manifestó a Adán y Eva en una forma corporal, física, pues el relato de Génesis habla de Dios ‘andando en medio del jardín’ y el hombre procediendo a esconderse de Dios entre los árboles. (Gen. 3:8)

De ahí en adelante, después de la expulsión del hombre de Edén, Dios siguió comunicándose con el hombre de manera individual. En ocasiones hizo visitas personales (Gen. 18) y paulatinamente se le apareció a Moisés en una zarza ardiente y se identificó de manera audible como Jehová, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Moisés se convirtió en le vocero de Dios para comunicar mensajes a Faraón y al pueblo de Israel. Se dice de Moisés que hablaba “cara a cara” con Dios. (Éxodo 33:11) Al pasar Moisés a la historia, otros se levantaron con quienes se comunicó Jehová de forma efectiva pero carente de lenguaje audible en muchos casos. Parece que en estos la comunicación era una forma de implantar en el espíritu del recipiente mensajes directos que no tenían otra explicación que la inspiración directa de Dios. Muchos fueron movidos, hasta ordenados a escribir. Algunas veces hubo visiones y en otras, fueron mensajeros angélicos los que llevaron la comunicación divina a sus siervos.

Para nuestro beneficio, estas comunicaciones de Dios con el hombre fueron preservadas celosamente por milenios. Cuando vino el tiempo de Dios para visitar al hombre de la manera más contundente de la historia, envió su ángel Gabriel a una joven judía con la anunciación de este evento trascendental.

Cuando Juan el Bautista fue impelido por el Espíritu a ir al desierto y comenzar su ministerio el mensaje era claro; había llegado el tiempo de Dios para abrir una línea de comunicación a través del Hijo encarnado y de forma verbal y de cara a cara, como lo había hecho por medio de Moisés y de quien Moisés mismo dio testimonio. (Deut. 18:15)

Jesús vino a Juan al Jordán y después de muchos siglos la voz de Dios el Padre se oyó de nuevo cuando Jesús fue bautizado diciendo: “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo contentamiento.” – Mateo 3:17Y “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” -Mat 4:17

Jesús en más de una ocasión aclaro que la fuente de su mensaje al mundo procedía de arriba. “Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió, es verdadero; y yo, lo que he oído de Él, esto hablo al mundo.” – Juan 8:26

En calidad de profeta fiel, Jesús no buscó su propia gloria, sino la del Padre. “Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de Aquél que me envió.
Si alguno quiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina, si es de Dios, o si yo hablo de mí mismo.
El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, Éste es verdadero, y no hay injusticia en Él. – Juan 7:17-18

Los apóstoles fieles siguieron este ejemplo de Jesús durante toda su carrera. No buscaron su propia gloria sino que hablaron el Evangelio que les fue entregado y mostraron un celo excepcional por la preservación de su pureza. Ellos reconocían la fuente del Evangelio y su revelación como el Espíritu Santo acercad de lo cual dio testimonio Jesús (Juan 14:26 ) y posteriormente Pedro cuando escribió, refiriéndose a los profetas hebreos: “A los cuales fue revelado, que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales desean mirar los ángeles.”-1 Pedro 1:12

Lamentablemente, todavía la tinta de los escritos apostólicos no se había secado cuando ideas perversas se comenzaban a esparcir en el mundo antiguo y distorsiones de la verdad florecían en el mismo seno de la iglesia. Esfuerzos para contrarrestar estas ideas incluyeron cartas y viajes misionales pero eventualmente las fuerzas de la oscuridad parecieron haber ganado la batalla. La apostasía se cernió cuando se crearon las grandes organizaciones eclesiásticas del catolicismo y el protestantismo.

Gracias a Dios, la llama de la verdad del Evangelio nunca se extinguió. Siempre hubo y hay hombres y mujeres que han tenido el valor de denunciar el error y sacar a la luz las verdades comunicadas por Dios desde el principio. Con humildad de mente se han cohibido de ‘ir más allá de las escrituras’ y no han permitido que otros les idolatren en sus catedrales y mega iglesias. No se han hecho amos de la fe de nadie y reconocen que la labor de convencer al mundo del pecado pertenece al Espíritu Santo y no a ellos.

Es una cosa muy seria autodenominarse vocero de Dios. Por eso Santiago advirtió; “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros , sabiendo que recibiremos un juicio más severo.” – Santiago 3:1 (LBLA)

Muchos hacen caso omiso de esa advertencia y se lanzan a la arena del Evangelio profiriendo palabras faltas de base bíblica y ciencia, asegurando que provienen de Dios o Su Santo Espíritu.

La realidad es que Dios sigue hablando hoy de diversas maneras. El Consolador, el Espíritu Santo nos puede hablar de manera audible, a través de abrir las Escrituras con revelación de significado para una necesidad particular, implantando un pensamiento o inclinación a llevar acabo cierta cosa que de alguna forma redunda en bendición para nosotros o para otros. Estas son solo unas pocas. También nos redarguye cuando nos alejamos de Dios y nos conduce al arrepentimiento.

Dado que en muchos casos no sabemos con certeza si una expresión proviene de Dios, el apóstol Juan nos exhorto que hiciésemos algo; “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.” -1Jn 4:1 Para poder hacer esto tenemos que hacernos “bereanos” modernos. Los de Berea (una ciudad localizada en parte suroeste de Macedonia) “eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” – Hechos 17:11

Hoy más que nunca debemos ser cautelosos y estudiosos si queremos adorar a Dios en espíritu y verdad. Nuestra salvación está en juego. No queremos que Jesús nos diga como le dijo a la mujer samaritana en el pozo de Jacob; “Ustedes adoran lo que no conocen.”(Juan 4: 22) La abundancia de falsos maestros y profetas alegando ser voceros modernos de Dios abundan. No queremos seguir tras ellos por atractivas que sean sus “profecías.” Recuerde el caso de Jeremías. Mientras él proclamaba un mensaje sobrio de parte de Dios, la nación escogió escuchar a aquellos que le regalaban los oídos. “Estoy contra los que profetizan sueños falsos,” declara el SEÑOR, “y los cuentan y hacen errar a Mi pueblo con sus mentiras y sus presunciones, cuando Yo no los envié ni les di órdenes, ni son de provecho alguno para este pueblo,” declara el SEÑOR. -Jer 23:32

Está claro que Dios habla hoy. Y para nuestra tranquilidad y conveniencia lo hace desde adentro. Sí, desde el interior de nuestro espíritu. Por supuesto, tenemos que creer las palabras de Jesús cuando dijo; “Si alguno me ama, mis palabras guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada.” – Juan 14:23